Implantes Dentales

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Implantes dentales: guía clínica del Densaldent para pacientes en Toledo

Un implante dental es un tornillo de titanio que se coloca quirúrgicamente en el hueso maxilar o mandibular para sustituir la raíz de un diente perdido. Sobre ese tornillo se ancla después una corona, un puente o una prótesis completa, que devuelve la función masticatoria y la estética. A diferencia de un puente o una dentadura removible, el implante reemplaza la pieza desde la raíz, lo que ayuda a conservar el hueso alveolar y los rasgos de la cara. El sistema afecta al aparato estomatognático: hueso, encía, mucosa, articulación temporomandibular y musculatura masticatoria.

Planificación

Etapas del Tratamiento

1. Consulta y planificación del tratamiento

2. Extracción dental, si fuera necesario.

3. Injerto óseo o elevación de seno maxilar, si fuera necesario.

4. Cirugía de colocación de implantes

5. Cicatrización y osteointegración

6. Colocación del pilar

7. Impresiones o escaneo digital

8. Restauración final

Preguntas frecuentes

¿Cuánto cuesta un implante dental?
En Toledo, en 2026, el precio de un implante dental completo (cirugía, tornillo de titanio, pilar y corona) se sitúa entre 800 € y 1.800 € por pieza, con una media próxima a los 1.550 €, según los estudios de mercado del sector y datos del Consejo General de Dentistas de España.

El rango es amplio porque el precio depende de la marca del implante (las marcas premium europeas como Straumann o Nobel Biocare son más caras que las marcas asiáticas), el material de la corona (zirconio, disilicato de litio, metal-cerámica), si hace falta injerto óseo o elevación de seno (entre 300 € y 1.200 € adicionales), y la complejidad del caso. Las rehabilitaciones completas tipo All-on-4 oscilan entre 5.000 € y 14.000 € por arcada en España, con una media de 9.500 €. Las All-on-6 entre 8.000 € y 17.000 €. Desconfía de los presupuestos que solo desglosan el coste del tornillo: el tornillo aislado no sirve para nada sin pilar y corona.
¿Cuáles son los tres tipos de implantes dentales?
Los tres tipos clásicos son:

Endoóseos, colocados dentro del hueso. Son los más comunes, los que se usan en más del 95% de los casos. Tienen forma de tornillo o cilindro de titanio.

Subperiósticos, colocados sobre el hueso, por debajo de la encía. Una estructura metálica a medida descansa sobre la cresta ósea. Se reservan a casos de atrofia muy severa.

Cigomáticos, anclados en el hueso del pómulo (cigoma) en vez de en el maxilar superior. Indicados cuando hay atrofia maxilar extrema y no hay hueso para implantes convencionales ni con injertos.

A estas tres categorías se suman variantes técnicas modernas como la carga inmediata, las técnicas All-on-4 y All-on-6, y los mini-implantes, pero son técnicas, no tipos distintos de implante.
¿Cuánto dura un implante dental?
El cuerpo del implante puede durar décadas. Los datos publicados por SEPA y por estudios longitudinales en revistas como Clinical Oral Implants Research muestran tasas de supervivencia del 95 al 98% a 10 años, y por encima del 90% a 20 años en pacientes con buen mantenimiento.

La corona que va encima dura menos: entre 10 y 15 años de media, dependiendo del material y de los hábitos del paciente (bruxismo, ácidos alimentarios, higiene). Un implante bien colocado, en un paciente no fumador, con buena higiene y revisiones cada 6 a 12 meses, normalmente dura toda la vida. Cuando un implante falla pasados los primeros años, la causa casi siempre es periimplantitis por mala higiene o por tabaco.
¿Qué es mejor, una prótesis o un implante?
Depende del caso, del presupuesto y de la salud general del paciente, pero clínicamente el implante es superior en casi todos los aspectos: mantiene el hueso, no se mueve al masticar, transmite la fuerza de mordida casi como un diente natural, y no afecta a los dientes vecinos.

La prótesis removible tiene ventajas concretas: es más barata, se hace en pocas semanas, no requiere cirugía y es reversible. Tiene desventajas que conviene conocer: el hueso bajo la prótesis se reabsorbe progresivamente, hay que retirarla por la noche, puede transmitir presión a la mucosa y causar úlceras, y la fuerza masticatoria queda reducida. En pacientes mayores con salud comprometida, con poco hueso y poco presupuesto, la prótesis sigue siendo una opción razonable. En pacientes que pueden permitirse el tratamiento, en mi consulta el implante gana casi siempre.
¿Qué es mejor, implantes con tornillo o sin tornillo?
Cuando el paciente pregunta esto, casi siempre se refiere a la corona, no al implante. Todos los implantes propiamente dichos son tornillos. Lo que cambia es cómo se fija la corona sobre el implante: corona atornillada o corona cementada.

La atornillada se prefiere en sectores posteriores, en rehabilitaciones múltiples y siempre que la corona pueda necesitar revisión, ajuste o reparación. Se retira y se vuelve a poner sin destruirla. La cementada se reserva para casos estéticos donde el agujero del tornillo quedaría en una zona visible o cuando la angulación del implante no permite una salida favorable del tornillo.

En la mayoría de mis casos elijo atornillada. Es más conservadora a largo plazo y evita el riesgo de cemento residual bajo la encía, que es un factor de riesgo conocido de periimplantitis.

¿Qué es un implante dental?

Un implante dental es un cilindro o tornillo de titanio grado médico que se inserta en el hueso de la mandíbula o del maxilar para sustituir la raíz de un diente perdido. La Mayo Clinic lo describe como una raíz artificial sobre la que se monta después una pieza protésica. El cuerpo del implante queda dentro del hueso. Sobre él se atornilla un pilar (también llamado aditamento), y sobre el pilar se cementa o se atornilla la corona, que es la parte visible.

El titanio se utiliza desde los años 60, cuando el cirujano sueco Per-Ingvar Brånemark describió la oseointegración: la capacidad del hueso vivo para unirse de forma directa al titanio sin tejido fibroso de por medio. Ese descubrimiento es la base de la implantología moderna.

Implantes Dentales

¿Cómo funciona la oseointegración?

La oseointegración es la manera en que el hueso y el implante se conectan directamente a nivel biológico. Esto lleva su tiempo porque las células encargadas de formar hueso necesitan colonizar la superficie áspera del titanio, depositar minerales y luego transformarse en hueso compacto.

Normalmente, en la mandíbula la oseointegración toma entre seis y doce semanas. En el hueso del maxilar superior, al ser más esponjoso, es habitual que tarde entre dieciséis y veinticuatro semanas. Durante este periodo, el paciente se sirve de una prótesis temporal o de una corona provisional sobre el implante (se trata de lo que se llama carga inmediata) si el implante ha quedado suficientemente estable al ser puesto.

Para determinar a quién le conviene un implante: un implante dental se utiliza cuando falta uno, varios, o todos los dientes de una fila, y cuando hay la cantidad de hueso necesaria para sujetarlo. Aunque, la cantidad de hueso “necesaria” no siempre es la que el paciente tiene ahora mismo. Con técnicas para regenerar hueso guiándolo, elevando el seno de la mandíbula superior e incluyendo injertos de hueso podemos solucionar zonas con poco hueso que hace veinte años hubieran impedido poner el implante.

Según el American College of Prosthodontists, adultos con buena salud, que no fumen o ya no fumen, sin enfermedad de encías activa, con una correcta limpieza de boca y con enfermedades generales como la diabetes bien controladas, son buenos candidatos. Aquellos con diabetes tipo dos que no está bien gestionada, fumadores de más de diez cigarrillos diarios, pacientes que reciben bifosfonatos directamente en la vena y personas con un bruxismo fuerte que no se controla suelen tener más problemas en mi consulta. No son motivos para decir que no se puede poner el implante, pero sí requieren un tratamiento diferente.

Tipos de implantes dentales

Esta es la duda que más me plantean los pacientes en la primera cita en Buenavista. La forma clásica de clasificarlos, según el Consejo General de Dentistas y lo que dice la ciencia, es según dónde y cómo se sujetan al hueso.

Implantes endoóseos (también conocidos como endósticos).

Son los más comunes, sin duda. Se colocan dentro del hueso de la mandíbula o maxilar, y cuando la gente piensa en un implante, normalmente es en este tipo. Tienen forma de tornillo o cilindro y están hechos de titanio puro o de una aleación de titanio. Algunos tienen una capa de hidroxiapatita que es biológicamente activa o tratamientos de superficie llamados SLA para que la oseointegración se produzca más rápido. Sirven para casi todas las intervenciones de implantología de cada día: un solo diente, un puente sobre dos implantes, toda la fila de dientes con la técnica All-on-4 o All-on-6.

Implantes subperiósticos

Se sitúan por debajo de la encía pero por encima del hueso. Una estructura metálica a medida descansa sobre la cresta ósea, y de ella emergen los pilares hacia la boca. Hoy son una opción residual. Se reservan a pacientes con atrofia ósea muy avanzada que no quieren o no pueden someterse a injertos. La fabricación moderna con impresión 3D en titanio ha hecho resurgir esta técnica en algunos casos seleccionados, pero no es lo habitual.

Implantes cigomáticos

Son implantes largos, de 30 a 55 mm, que se anclan en el hueso cigomático (el pómulo) en lugar de en el maxilar superior. Están indicados en casos de atrofia maxilar severa, cuando ni siquiera con elevación de seno hay hueso para colocar implantes convencionales. Es una técnica más demandante. Suele realizarse bajo sedación profunda o anestesia general en quirófano. La revisión sistemática publicada en el International Journal of Oral and Maxillofacial Surgery reporta tasas de supervivencia del 96% a 12 años en cirujanos experimentados.

A esta clasificación clásica habría que sumar las variantes técnicas modernas: carga inmediata, All-on-4, All-on-6 y los mini-implantes para retención de sobredentaduras. Son técnicas, no tipos distintos de implante.

¿Implantes atornillados o cementados?

A mucha gente se le hace muy difícil entender esta pregunta, pero en realidad no tiene que ver con el implante como tal, sino con cómo se asegura la corona al implante. Hay dos formas de hacerlo. Una corona que se atornilla se asegura al pilar del implante con un tornillo que va por el centro y luego se cubre con material de composite. En cambio, una corona que se pega se fija al pilar con un cemento que se usa en odontología, de la misma manera que se pone una corona normal sobre un diente de verdad.

En la mayoría de los casos, yo me decanto por las coronas atornilladas, sobre todo en la parte de atrás de la boca y cuando hay que hacer muchos trabajos de rehabilitación. Esto es porque es más fácil arreglar cualquier problema: quitas la corona, corriges lo que sea necesario y la vuelves a poner. Con las que están cementadas, para sacarlas normalmente tienes que romper la corona. Pero las coronas cementadas son buenas para la parte delantera, para cuando la estética es más importante, porque el agujero del tornillo quedaría a la vista.

¿Cómo planifico el caso antes de operar?

Gran parte de si un implante dental sale bien se determina aquí. Yo en Densaldent siempre sigo tres pasos para revisarlo: una ortopantomografía (la radiografía de toda la boca), una CBCT de haz cónico (una imagen 3D con mucha menos radiación que un TAC normal) y una exploración digital del interior de la boca. Con esos tres archivos, antes de siquiera tocar al paciente, diseño cómo irá el implante en un programa de ordenador que sirve para dirigir la cirugía.

Este diseño por ordenador me indica tres aspectos que no se pueden valorar con sólo mirar: cuánto hueso hay justo donde tiene que ir el implante, lo lejos que está el nervio de la mandíbula y si se acerca al seno maxilar en la parte de arriba. Si es posible, creo una especie de guía que asegura que la herramienta de perforación vaya al milímetro. Para aquellos pacientes con formas en la boca más complicadas, el tiempo que se ahorra en el acto de colocarlo y el menor peligro de problemas lo compensan.

Además, valoramos el estado de las encías. Si hay inflamación activa de las encías (periodontitis) o inflamación sin tratar (gingivitis), el implante debe esperar. La periimplantitis es como la periodontitis pero que afecta a los implantes mismos y, si intentas solucionar una antes de la otra, es como si construyeras sobre algo que se hunde.

La cirugía: ¿qué pasa el día del implante?

La cirugía de un implante unitario se hace bajo anestesia local y dura entre 30 y 60 minutos por implante. El protocolo estándar es así: anestesia, incisión de la encía, despegamiento del colgajo, fresado escalonado del hueso con irrigación abundante para no quemar el hueso, colocación del implante a torque controlado, sutura.

Para casos múltiples o pacientes ansiosos trabajamos con sedación consciente intravenosa supervisada por un anestesista. El paciente respira por sí mismo y obedece órdenes simples, pero no recuerda la intervención.

Después coloco un tornillo de cierre o un pilar de cicatrización, según el plan. En algunos casos, si la estabilidad primaria es buena (al menos 35 Ncm de torque de inserción), pongo una corona provisional el mismo día. Es lo que se conoce como carga inmediata. En la mayoría de los casos, sin embargo, espero a que el hueso integre el implante.

Recuperación y postoperatorio

Las primeras 48 horas son las más molestas. La inflamación es máxima entre las 24 y las 72 horas. Para entonces el paciente ya está en casa con su pauta de analgésicos (habitualmente ibuprofeno y paracetamol alternados) y su antibiótico si lo lleva. Los puntos se retiran a los 7 a 10 días.

Las indicaciones que doy en consulta son las mismas que recomiendan la mayoría de las sociedades científicas: dieta blanda y fría las primeras 24 a 48 horas, no enjuagarse con fuerza, no fumar (el tabaco es uno de los factores de riesgo mejor documentados de fracaso del implante, según la American Dental Association), higiene oral cuidadosa con cepillo blando y enjuague de clorhexidina al 0,12% durante 7 a 14 días.

A los 3 o 4 meses revisamos la oseointegración con una radiografía y, si todo está correcto, tomamos las medidas para la corona definitiva.

Riesgos y complicaciones

Ningún tratamiento médico está libre de riesgos. Los implantes tienen una tasa de supervivencia del 95 al 98% a 10 años, lo que también significa que entre el 2 y el 5% de los implantes fracasan. Las complicaciones más frecuentes son:

  • Fracaso de la oseointegración. El implante no se integra al hueso. Suele detectarse en los primeros tres meses. Se retira el implante, se deja cicatrizar y se vuelve a intentar en unos meses.
  • Periimplantitis. Infección de los tejidos que rodean el implante con pérdida ósea. Es la principal causa de pérdida del implante a largo plazo.
  • Lesión del nervio dentario inferior. Poco frecuente con planificación 3D adecuada. Puede causar parestesia (adormecimiento) del labio inferior, casi siempre transitoria.
  • Comunicación oro-sinusal. Cuando un implante en el maxilar superior penetra en el seno maxilar. Se previene con elevación de seno cuando hay poco hueso.
  • Complicaciones protésicas: aflojamiento del tornillo, fractura de la cerámica de la corona, desgaste del pilar.

Cuanto más estricto sea el control de placa y más rigurosas las revisiones, menos probable es la periimplantitis.

Implantes frente a puentes y prótesis removibles

El puente convencional usa los dientes vecinos como pilares. Eso obliga a tallarlos. Si esos dientes están sanos, es una pena. La prótesis removible (la “dentadura postiza”) es la opción más económica y la más rápida, pero se mueve, se nota al hablar, transmite menos sensación al masticar y, sobre todo, no detiene la reabsorción del hueso. Diez años después de perder los dientes, el hueso se ha encogido tanto que la cara cambia.

El implante es la única solución que conserva el hueso. Por eso, cuando el caso lo permite, es la opción que recomiendo.

¿Cuándo acudir a la consulta?

Pide una valoración cuando falte una pieza, cuando una prótesis se mueva, o cuando un diente esté condenado por fractura, infección o periodontitis. Cuanto antes se planifique, más opciones hay.

Aviso médico

Este artículo tiene fines informativos y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento profesional. Consulta siempre a un odontólogo o médico cualificado ante cualquier duda sobre tu salud bucodental.

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