Un implante dental es un tornillo de titanio que se coloca quirúrgicamente en el hueso maxilar o mandibular para sustituir la raíz de un diente perdido. Sobre ese tornillo se ancla después una corona, un puente o una prótesis completa, que devuelve la función masticatoria y la estética. A diferencia de un puente o una dentadura removible, el implante reemplaza la pieza desde la raíz, lo que ayuda a conservar el hueso alveolar y los rasgos de la cara. El sistema afecta al aparato estomatognático: hueso, encía, mucosa, articulación temporomandibular y musculatura masticatoria.
Un implante dental es un cilindro o tornillo de titanio grado médico que se inserta en el hueso de la mandíbula o del maxilar para sustituir la raíz de un diente perdido. La Mayo Clinic lo describe como una raíz artificial sobre la que se monta después una pieza protésica. El cuerpo del implante queda dentro del hueso. Sobre él se atornilla un pilar (también llamado aditamento), y sobre el pilar se cementa o se atornilla la corona, que es la parte visible.
El titanio se utiliza desde los años 60, cuando el cirujano sueco Per-Ingvar Brånemark describió la oseointegración: la capacidad del hueso vivo para unirse de forma directa al titanio sin tejido fibroso de por medio. Ese descubrimiento es la base de la implantología moderna.

La oseointegración es la manera en que el hueso y el implante se conectan directamente a nivel biológico. Esto lleva su tiempo porque las células encargadas de formar hueso necesitan colonizar la superficie áspera del titanio, depositar minerales y luego transformarse en hueso compacto.
Normalmente, en la mandíbula la oseointegración toma entre seis y doce semanas. En el hueso del maxilar superior, al ser más esponjoso, es habitual que tarde entre dieciséis y veinticuatro semanas. Durante este periodo, el paciente se sirve de una prótesis temporal o de una corona provisional sobre el implante (se trata de lo que se llama carga inmediata) si el implante ha quedado suficientemente estable al ser puesto.
Para determinar a quién le conviene un implante: un implante dental se utiliza cuando falta uno, varios, o todos los dientes de una fila, y cuando hay la cantidad de hueso necesaria para sujetarlo. Aunque, la cantidad de hueso “necesaria” no siempre es la que el paciente tiene ahora mismo. Con técnicas para regenerar hueso guiándolo, elevando el seno de la mandíbula superior e incluyendo injertos de hueso podemos solucionar zonas con poco hueso que hace veinte años hubieran impedido poner el implante.
Según el American College of Prosthodontists, adultos con buena salud, que no fumen o ya no fumen, sin enfermedad de encías activa, con una correcta limpieza de boca y con enfermedades generales como la diabetes bien controladas, son buenos candidatos. Aquellos con diabetes tipo dos que no está bien gestionada, fumadores de más de diez cigarrillos diarios, pacientes que reciben bifosfonatos directamente en la vena y personas con un bruxismo fuerte que no se controla suelen tener más problemas en mi consulta. No son motivos para decir que no se puede poner el implante, pero sí requieren un tratamiento diferente.
Esta es la duda que más me plantean los pacientes en la primera cita en Buenavista. La forma clásica de clasificarlos, según el Consejo General de Dentistas y lo que dice la ciencia, es según dónde y cómo se sujetan al hueso.
Son los más comunes, sin duda. Se colocan dentro del hueso de la mandíbula o maxilar, y cuando la gente piensa en un implante, normalmente es en este tipo. Tienen forma de tornillo o cilindro y están hechos de titanio puro o de una aleación de titanio. Algunos tienen una capa de hidroxiapatita que es biológicamente activa o tratamientos de superficie llamados SLA para que la oseointegración se produzca más rápido. Sirven para casi todas las intervenciones de implantología de cada día: un solo diente, un puente sobre dos implantes, toda la fila de dientes con la técnica All-on-4 o All-on-6.
Se sitúan por debajo de la encía pero por encima del hueso. Una estructura metálica a medida descansa sobre la cresta ósea, y de ella emergen los pilares hacia la boca. Hoy son una opción residual. Se reservan a pacientes con atrofia ósea muy avanzada que no quieren o no pueden someterse a injertos. La fabricación moderna con impresión 3D en titanio ha hecho resurgir esta técnica en algunos casos seleccionados, pero no es lo habitual.
Son implantes largos, de 30 a 55 mm, que se anclan en el hueso cigomático (el pómulo) en lugar de en el maxilar superior. Están indicados en casos de atrofia maxilar severa, cuando ni siquiera con elevación de seno hay hueso para colocar implantes convencionales. Es una técnica más demandante. Suele realizarse bajo sedación profunda o anestesia general en quirófano. La revisión sistemática publicada en el International Journal of Oral and Maxillofacial Surgery reporta tasas de supervivencia del 96% a 12 años en cirujanos experimentados.
A esta clasificación clásica habría que sumar las variantes técnicas modernas: carga inmediata, All-on-4, All-on-6 y los mini-implantes para retención de sobredentaduras. Son técnicas, no tipos distintos de implante.
A mucha gente se le hace muy difícil entender esta pregunta, pero en realidad no tiene que ver con el implante como tal, sino con cómo se asegura la corona al implante. Hay dos formas de hacerlo. Una corona que se atornilla se asegura al pilar del implante con un tornillo que va por el centro y luego se cubre con material de composite. En cambio, una corona que se pega se fija al pilar con un cemento que se usa en odontología, de la misma manera que se pone una corona normal sobre un diente de verdad.
En la mayoría de los casos, yo me decanto por las coronas atornilladas, sobre todo en la parte de atrás de la boca y cuando hay que hacer muchos trabajos de rehabilitación. Esto es porque es más fácil arreglar cualquier problema: quitas la corona, corriges lo que sea necesario y la vuelves a poner. Con las que están cementadas, para sacarlas normalmente tienes que romper la corona. Pero las coronas cementadas son buenas para la parte delantera, para cuando la estética es más importante, porque el agujero del tornillo quedaría a la vista.
Gran parte de si un implante dental sale bien se determina aquí. Yo en Densaldent siempre sigo tres pasos para revisarlo: una ortopantomografía (la radiografía de toda la boca), una CBCT de haz cónico (una imagen 3D con mucha menos radiación que un TAC normal) y una exploración digital del interior de la boca. Con esos tres archivos, antes de siquiera tocar al paciente, diseño cómo irá el implante en un programa de ordenador que sirve para dirigir la cirugía.
Este diseño por ordenador me indica tres aspectos que no se pueden valorar con sólo mirar: cuánto hueso hay justo donde tiene que ir el implante, lo lejos que está el nervio de la mandíbula y si se acerca al seno maxilar en la parte de arriba. Si es posible, creo una especie de guía que asegura que la herramienta de perforación vaya al milímetro. Para aquellos pacientes con formas en la boca más complicadas, el tiempo que se ahorra en el acto de colocarlo y el menor peligro de problemas lo compensan.
Además, valoramos el estado de las encías. Si hay inflamación activa de las encías (periodontitis) o inflamación sin tratar (gingivitis), el implante debe esperar. La periimplantitis es como la periodontitis pero que afecta a los implantes mismos y, si intentas solucionar una antes de la otra, es como si construyeras sobre algo que se hunde.
La cirugía de un implante unitario se hace bajo anestesia local y dura entre 30 y 60 minutos por implante. El protocolo estándar es así: anestesia, incisión de la encía, despegamiento del colgajo, fresado escalonado del hueso con irrigación abundante para no quemar el hueso, colocación del implante a torque controlado, sutura.
Para casos múltiples o pacientes ansiosos trabajamos con sedación consciente intravenosa supervisada por un anestesista. El paciente respira por sí mismo y obedece órdenes simples, pero no recuerda la intervención.
Después coloco un tornillo de cierre o un pilar de cicatrización, según el plan. En algunos casos, si la estabilidad primaria es buena (al menos 35 Ncm de torque de inserción), pongo una corona provisional el mismo día. Es lo que se conoce como carga inmediata. En la mayoría de los casos, sin embargo, espero a que el hueso integre el implante.
Las primeras 48 horas son las más molestas. La inflamación es máxima entre las 24 y las 72 horas. Para entonces el paciente ya está en casa con su pauta de analgésicos (habitualmente ibuprofeno y paracetamol alternados) y su antibiótico si lo lleva. Los puntos se retiran a los 7 a 10 días.
Las indicaciones que doy en consulta son las mismas que recomiendan la mayoría de las sociedades científicas: dieta blanda y fría las primeras 24 a 48 horas, no enjuagarse con fuerza, no fumar (el tabaco es uno de los factores de riesgo mejor documentados de fracaso del implante, según la American Dental Association), higiene oral cuidadosa con cepillo blando y enjuague de clorhexidina al 0,12% durante 7 a 14 días.
A los 3 o 4 meses revisamos la oseointegración con una radiografía y, si todo está correcto, tomamos las medidas para la corona definitiva.
Ningún tratamiento médico está libre de riesgos. Los implantes tienen una tasa de supervivencia del 95 al 98% a 10 años, lo que también significa que entre el 2 y el 5% de los implantes fracasan. Las complicaciones más frecuentes son:
Cuanto más estricto sea el control de placa y más rigurosas las revisiones, menos probable es la periimplantitis.
El puente convencional usa los dientes vecinos como pilares. Eso obliga a tallarlos. Si esos dientes están sanos, es una pena. La prótesis removible (la “dentadura postiza”) es la opción más económica y la más rápida, pero se mueve, se nota al hablar, transmite menos sensación al masticar y, sobre todo, no detiene la reabsorción del hueso. Diez años después de perder los dientes, el hueso se ha encogido tanto que la cara cambia.
El implante es la única solución que conserva el hueso. Por eso, cuando el caso lo permite, es la opción que recomiendo.
Pide una valoración cuando falte una pieza, cuando una prótesis se mueva, o cuando un diente esté condenado por fractura, infección o periodontitis. Cuanto antes se planifique, más opciones hay.
Este artículo tiene fines informativos y no sustituye el consejo, diagnóstico o tratamiento profesional. Consulta siempre a un odontólogo o médico cualificado ante cualquier duda sobre tu salud bucodental.
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